
Ficha técnica del guisante
| Dato | Valor |
|---|---|
| Profundidad de siembra | 2 a 3 cm |
| Distancia entre plantas | 5 a 8 cm |
| Días de germinación | 7 a 14 días |
| Horas de sol necesarias | 4 a 6 horas |
| Profundidad de maceta | 25 a 30 cm |
| Tiempo hasta cosecha | 60 a 90 días desde la siembra |
Un cultivo de estación fría, al contrario que la judía

A diferencia de la judía verde, que necesita calor y no tolera el frío ni en fase de semilla, el guisante rinde mejor con temperaturas suaves y tolera bien alguna helada ligera, sobre todo cuando la planta ya está algo desarrollada. El calor, en cambio, es su principal problema: temperaturas altas y sostenidas frenan la floración y hacen que las vainas se llenen mal, con guisantes pequeños y poco numerosos dentro.
Esta diferencia de temporada entre judía y guisante, siendo ambas legumbres con un comportamiento similar en cuanto al nitrógeno, es un buen ejemplo de que pertenecer a la misma familia no significa que el calendario de siembra sea el mismo.
Cuándo sembrar guisantes
En la mayor parte de España, la siembra se hace en dos ventanas: a finales de invierno o principios de primavera, entre febrero y marzo, para cosechar a finales de primavera; y de nuevo en otoño, entre septiembre y octubre, en zonas de inviernos suaves, para cosechar a principios de la primavera siguiente. En zonas de inviernos fríos, como la meseta norte, la siembra otoñal es más arriesgada y conviene centrarse en la de finales de invierno. Calendario de siembra en Castilla y León.
Cómo sembrar guisantes
Siembra las semillas directamente en su ubicación definitiva, a una profundidad de dos a tres centímetros, en línea si vas a cultivar en jardinera alargada o distribuidas si usas una maceta más ancha. La semilla del guisante, como la de la judía, es relativamente grande y no suele necesitar aclareo si se respeta bien la distancia de siembra desde el principio, entre cinco y ocho centímetros entre cada semilla.
La germinación es algo más lenta en temperaturas frías, pudiendo extenderse hasta las dos semanas, frente a los siete días que puede tardar en condiciones más templadas de primavera avanzada.
Entutorado: casi obligatorio en la mayoría de variedades

Salvo variedades enanas específicas, el guisante es una planta trepadora que necesita un soporte para desarrollarse bien, de forma parecida al pepino o a las judías trepadoras. Una malla vertical o un enrejado de cañas funciona bien, y conviene colocarlo desde el momento de la siembra o poco después, ya que el guisante empieza a trepar pronto una vez germina.
A diferencia del pepino, que se sujeta al tutor con zarcillos gruesos, el guisante tiene zarcillos mucho más finos y delicados, lo que hace que agradezca una malla de cuadrícula pequeña en lugar de cañas separadas, ya que le resulta más fácil sujetarse a una superficie con puntos de agarre cercanos entre sí.
Riego del guisante
El guisante necesita riego moderado y regular, con especial atención durante la floración y el llenado de las vainas, que es el momento en que más agua demanda la planta. Fuera de esa fase crítica, tolera bastante bien cierta irregularidad de riego, sobre todo en las semanas frías del principio del ciclo, cuando el consumo de agua de la planta es mucho menor.
El exceso de riego combinado con temperaturas frías es una combinación especialmente perjudicial para este cultivo, ya que favorece la pudrición de la semilla antes incluso de germinar, algo a lo que hay que prestar más atención aquí que en la judía verde, sembrada en épocas más cálidas. Cómo regar un huerto sin pasarte ni quedarte corto.
Nitrógeno: la misma lógica que la judía verde
Al igual que la judía, el guisante fija parte del nitrógeno que necesita gracias a bacterias asociadas a sus raíces, por lo que tampoco requiere abonos ricos en nitrógeno durante buena parte del ciclo. Un exceso de este nutriente provoca el mismo efecto que en la judía: mucho follaje y relativamente pocas vainas, así que conviene priorizar un sustrato equilibrado antes que uno muy fertilizado.
Problemas más comunes del guisante
El oídio es una afección bastante frecuente en el guisante, sobre todo hacia el final del ciclo, cuando las temperaturas empiezan a subir en primavera. Se manifiesta igual que en el calabacín o el pepino, como un polvo blanquecino sobre las hojas, y se ve favorecido por la combinación de calor y poca ventilación entre plantas.
El pulgón es también un visitante habitual de este cultivo, concentrándose especialmente en los brotes tiernos de la parte superior de la planta, donde es más fácil de detectar a simple vista que en cultivos con hojas más grandes como el calabacín.
Cuándo cosechar guisantes
La señal de que una vaina está lista es que se aprecia claramente el bulto de los guisantes en su interior al tacto, con la vaina todavía de color verde brillante y algo de firmeza, pero antes de que empiece a perder ese brillo y a tornarse más apagada, señal de que se ha dejado madurar de más. A diferencia de la judía verde, aquí no se cosecha la vaina entera para comer (salvo en variedades específicas de tirabeque), sino que el interés está en el guisante propiamente dicho.
Igual que en el resto de legumbres de esta guía, cosechar con frecuencia anima a la planta a seguir produciendo vainas nuevas durante más tiempo, mientras que dejar vainas maduras sin recoger reduce el ritmo de producción del resto de la planta.
